El DVD de Pandora

15 abril 2009

Al inicio fue el DVD. Un DVD inocente, copia indisimulada de un proceso que años antes ya había vivido el sector musical, abría hace ya más de 10 años las puertas de lo digital al mercado cinematográfico. Esta apertura no implicaba, como hemos ido viendo, una mero cambio del soporte en el cual se ofrecían las películas, o una mejora en la preservación de las mismas (como se vendió en su inicio); la era del DVD consolidaba el tránsito del producto cultural hacia su transformación en una secuencia de ceros y unos, lo que comúnmente se conoce como digitalización. Dicho proceso convirtió la manipulación del producto de algo físico (la cinta de vídeo) a algo completamente digital, en la que la intervención de los ordenadores se convertía en esencial, bien para su producción, uso o manipulación. El producto digital abría sus entrañas y empezaba a fundirse con el gran centro de consumo actual: el ordenador.

Dicho cambio provocó que decenas de miles de ordenadores en todo el mundo empezaran a trabajar sobre este nuevo material. Al fin y al cabo la película, a nivel binario, comparte materia prima con cualquier otro programa que se pueda estar ejecutando en ese momento. Eso afectaba, tanto a su manipulación, como a su uso. De esta forma, al poco tiempo, Jon Lech Johansen (alias DVD Jon) conseguía romper la seguridad de protección del DVD, habilitando su más que esperable manipulación total en los ordenador personales. Los archivos contenidos en los DVDs ya no solo tenían la capacidad de ser reproducidos, sino de ser manipulados. Era el momento de transferir dichos archivos a otros programas que en el mismo ordenador pudiesen realizar una reproducción de calidad igual o similar a la de los reproductores de sobremesa (aunque en esos inicios el mejor reproductor era un buen ordenador, si me permiten la rima fácil). Gracias a un eficiente codec de compresión, como es el DivX, esa misma película podía pasarse a un CD grabable (los DVDs grabables no eran habituales) y reproducirlo sin necesidad de disponer del DVD original. La copia de toda la vida cobraba también sentido en el DVD, aunque con un proceso indirecto.

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Mientras, las velocidades de las conexiones iban aumentando, dejando de lado las primeras conexiones telefónicas, las ADSL se empezaban a generalizar, permitiendo con un poco de paciencia, compartir esas películas que previamente habían sido digitalizadas por una tercera persona. En esos momentos, el proceso de lo que se conoce como “ripeo” era complejo y requería de unos conocimientos previos a la hora de realizar una copia medianamente decente. Además de disponer de un equipo potente que permitiese trabajar de forma rápida y eficiente con el vídeo a la hora de realizar las correspondientes pruebas y ensayos. De nuevo, la mejora de los equipos de los usuarios fue mejorando y facilitando esos procesos y habilitándolos a personas con conocimientos menos especializados.

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Con el tiempo, el peso del DVD como materia original de “ripeo” ha ido cediendo su espacio al Blu-Ray o a la copia directa de emisión HD en televisión, pero no cabe duda de que es el origen de los modelos de consumo que estamos viviendo hoy en día. El título de este artículo marca la visión que desde la industria se puede realizar de todo este proceso: el DVD como Caja de Pandora que desató todos los truenos de la digitalización. Un proceso que, visto desde otra perspectiva era inevitable y que, tarde o temprano, la industria cultural tenía que vivir. Pero existe otra perspectiva del mismo proceso, más cercana al proceso vivido y que puede llegar a facilitarnos la comprensión de lo que sucede realmente hoy en día. El espectador/usuario acogió la digitalización como un proceso propio con un nivel de participación en el medio nunca antes visto. La manipulación tecnológica implicó más al usuario, no ya a un nivel tecnológico, sino a un nivel de consumo. Por primera vez en el cine, el usuario empieza a marcar cómo quiere consumir y qué condiciones pone. El usuario, a medida que transcurría el proceso antes definido, iba marcando el mecanismo que le era más afín, formando una campaña de marketing a nivel global empleando la inteligencia colectiva (sin la cual nunca se podría entender todo el fenómeno del ripeo). De esta forma, la caída del DVD y el auge de la digitalización y del intercambio por internet suponen claramente una señal de una forma de consumo presente en nuestros tiempos. El DVD abrió un camino sin retorno, un camino que crea retos fascinantes, aunque obliga a atravesar senderos peligrosos de los que no todos saldrán bien parados. Entender todo el proceso anterior y situarnos dentro de ese camino ayudará a dar el menor número de pasos en falso posible.