De modelos va la cosa

25 marzo 2009

Ya han pasado muchos desde cuando para escuchar una canción uno podía o bien escucharla por casualidad en la radio o bien adquirir el vinilo o el cassette (o que algún amigo generoso le hiciese una copia). Parece ya algo vetusto e increíblemente antiguo, pero no hace más de 20 años de eso. El paso al soporte digital que se dio con el CD originó un proceso que, más allá de modificar la forma de acoplar dicha información en un soporte físico, varió el propio valor de esa música. Dicho proceso, ha derivado esencialmente en una clara proliferación de la presencia musical en nuestras vidas. Las canciones pueden escucharse en el móvil, en el iPhone a través de la red 3G, en el ordenador del trabajo o hasta cuando hacemos footing (obviemos los años dorados del Walkman). La presencia de la música se define por su fácil capacidad de reproducción (con un pequeño circuito hay más que de sobra), pero incluso yendo más allá, la posibilidad de reproducir a la carta dichos contenidos sin disponer de ellos (si no fuera a la carta estaríamos hablando de la radio de Marconi). Ese proceso empieza a tener su auge en la música gracias al streaming. Last.fm El modelo de streaming se ha puesto más de moda que nunca gracias a Spotify, pero centraré mis comentarios en dos modelos que acaban de tomar medidas drásticas y que pueden dar un indicativo más interesante que el aparente triunfalismo del circulito verde. Por un lado estoy hablando de Last.fm y por otro de Fabchannel. Last.fm basa su potencia no sólo en la capacidad de reproducción via streaming pseudo a la carta mezclado con una potente red social musical. La idea es sencilla, escucha tu música favorita, descubre cosas y compártelo con tus amigos. Sin duda un modelo intuitivo y muy acorde a la nueva era 2.0. Dicho modelo inició sus pasos con la evidente gratuidad que se le presupone a todo este tipo de servicios (al fin y al cabo, ¿qué vale la música por internet después de Myspace?). Pero con el tiempo, dos grandes monstruos se han apoderado del modelo: costes y publicidad. Por un lado los costes inapelables que cada streaming produce en el servicio, mientras que por el otro tiene una publicidad que aún no tiene ni idea de cómo encarar su espacio en internet. El negocio existe, está claro, es evidente y todos querrían apostar por él. Pero a la hora de la verdad, nadie responde, porque precisamente nadie sabe hacia dónde irán los tiros. Todo ellos ha llevado a que Last.fm pida una cuota mensual por el mismo servicio que antes era gratuito. En definitiva, el usuario debe pagar la fiesta. Algo obvio si estuviésemos hablando en otros tiempos, pero discutible en el actual. Retomando la pregunta anterior, ¿cuánto vale un producto en internet? O mejor aún, ¿qué valor tiene? El producto musical, reitero, tiene un valor cercano a cero. Y desde ese modelo se debe trabajar si se quiere apostar realmente por el streaming musical. Al fin y al cabo, lo que está en juego, puede que sea la redefinición de las radios del mañana. Y en ese sentido, todos los actores de la película están confusos (especialmente las majors), sin saber qué pieza mover ni qué consecuencias tendrá. Fabchannel Por otro lado está el ejemplo de la recientemente desaparecida fabchannel.com, un portal de vídeos musicales en el que el usuario (de forma gratuita), podía disfrutar de sus conciertos preferidos. De nuevo las conectividades y la ausencia de apoyo de los sellos han llevado al traste una propuesta que reconcilia la música con sus usuarios del mañana. De nuevo la respuesta ha sido la misma de quienes debían entender que ya nada será lo mismo. La adquisición pura del disco es un modelo en extinción pese a que muchos se traten de aferrar a él de forma desesperada. Los nuevos modelos musicales requieren una implicación total por parte de los actores. Y no hablo de los usuarios (grandes acusados de la crisis que viven tanto el cine como la música), sino que son las propias productoras y distribuidoras (majors de por medio) y muy especialmente la publicidad las que deben asumir como suyo el modelo de negocio. Debemos empezar a estudiar la publicidad que realmente funciona en internet, vincular de forma clara dicha publicidad a los usos y costumbres reales de los usuarios de la Red (¡basta ya de banners que no hacen más que imitar modelos intrusivos de otros medios!) y, en definitiva, sacar de internet todo el potencial que ya tiene. El mundo de internet está plagado de todos esos indicadores de consumo, pero necesitamos asumirlos y dar el paso que realmente se necesita. Es más cómodo justificar los planes de marketing con medios como la televisión o la prensa, porque quien lee esos planes entiende que serán eficientes porque tienen pedigrí. Pero hay que empezar a educar a todas esas personas a saber leer y anticipar sus movimientos dentro de la Red. Hay que darse cuenta, en definitiva, que Internet no es el futuro. Internet es el presente, pero nos daremos cuenta en el futuro. Como casi siempre.

Enlaces: Fabchannel, Last.fm, Spotify

PS: Invito a todo el mundo a leer la carta de despedida que han colgado en Fabchannel, realmente didática y explicativa de lo que se vive actualmente dentro del mundo de la distribución digital. ¡Esperemos que vuelvan pronto!